Esa mañana gris en Buenos Aires, ancló un barco, bajó y se largó a llorar sin lágrimas. Con la cabeza gacha, fija en sus recuerdos. Con los ojos húmedos tocados de un brillo distinto, sin saber qué decir. Puso la valija en el suelo y se sentó sobre ella.
Así empezó todo.
Las ilusiones del viajero de algún pueblo de la hoy República Checa, enamorado de su tierra, de su lengua; porque a partir de ella podía comenzar a expresar sus sentimientos en nuestro querido país Argentina.
Un dejo de ilusiones que regresan y se oscurecen dulcemente en lo perdido.
Para rescatar esta historia hacía falta agruparnos nuevamente de alguna manera.
Así nació la idea de formar una sociedad, en principio con un puñado de amigos: Ana Souchop, Patricia Cmol, Roberto Jakubek, Eduardo Letocha y Arturo Krivanek, allá por octubre de 2001, mediante cadenas de e-mail, llegando en la actualidad a un grupo de 800 familias.
Queríamos honrar la memoria de esos muchos hombres y mujeres que lloraron sin rodar una sola gota en sus mejillas. Esos que a mediados del siglo pasado y aún antes, huyendo de la guerra y del hambre, formaron una decena de sociedades culturales, recreativas y deportivas, donde compartían sus sueños, mantenían vivas sus costumbres, degustaban sus platos típicos, bailaban su encantador folclore eslavo y también se unieron entre sí formando nuevos hogares.
Después, con la incesante transformación de la vida, sus hábitos se fueron apagando; ayudadas quizás por la falta de nuevas corrientes inmigratorias, esas sociedades fueron cerrando sus puertas y quedamos nosotros con sus enseñanzas, costumbres y alguna frase suelta en checo, aunque sin un lugar que nos cobije.
Nuestra idea se asemeja mucho a la de ese hombre que, sentado en su valija —no ya en esta tierra—, sentirá que no fue en vano su desarraigo. Esperamos unir a todas aquellas personas que, siendo checas de sangre o no, comulguen con nuestros pensamientos, de lo simple de la vida, del sentimiento, sin política partidaria ni religión; ya que en definitiva la gente es la vida y, por consiguiente, lo más importante está en todos lados.